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Nací al tango al mes bonito d’agosto de 1992 bajo el cielo del Charentes-maritimes. J’puntales de vacaciones con mis niños amados con una asociación que propone actividades diarias de desarrollo personal. El domingo por la noche, después de la comida al aire libre, un hombre vêtu de blanco puesto un aire de música que s’probó ser del tango pero, a l’tiempo, yo n’no sabía más. Tomó a su socio en sus brazos y entre las mesas de madera sobre las cuales cenábamos, se reflejaron a bailar muy lentamente, presqu’inmóviles.
La fascinación de l’desconocido y del nuevo fue instantánea. Él, oscuro y muy vuelto sobre sí mismo y ella, una cara luminosa de muñeca con sus bonitas mejillas redondeadas, los ojos cerrados, entera recogida por su propia escucha. El curso comenzaba el lunes por la mañana ; no me planteaba ya la cuestión que elegir entre el gran número d’actividades propuestas.
Pero, el lunes por la mañana, este n’no era ellos los profesores, c’era otro par con quien, desde, seguí siendo amigo, y, por este qu’son simpáticos, y, por el reconocimiento del primer paso.
He aquí mi historia de bailarín de tango argentino; comienza con la cara d’a una mujer. Digo eso ya que mi historia es, quizá común, mucho a d’entre nosotros quienes olvidan seguir la música para los bonitos ojos d’una mujer que los cierra para entrar en l’escucha de su propio cuerpo. Esa noche, yo dormidos muy bien después de haber dormido a mis niños.
El día siguiente mañana fue menos romántico. C’era la primera vez de mi vida que tomaba de los cursos de danza. El duro encuentro con el tempo no basta a restaurar mi ardeur pero, a pesar de todo, era necesario " s’colgar " como se dice. Pasaremos todos los detalles de l’aprendizaje, sería el tema d’una larga novela alimentada de los encuentros qu’él suscitó, confrontaciones de carácter, pantalones usados a l’sitio de los maléolos de la clavija, amores extraordinarios y détestations sólidos, del número de pares de zapatos utilizados y terminados sobre los muelles de Sena en París, amistades decepcionadas, discos extraviados, descubrimientos imprevistos y rutinas increíbles, la vida, que.
Dos años más tarde, yo n’se enteraban de más figuras y comenzaba a ir, yo n’detuvieron más después. Las mujeres m’agradecieron, los hombres m’plantearon cuestiones sobre la naturaleza de estas gracias. Debo, entonces, reconocer mi felicidad pero, j’guarda el contenido, disculpa -moi.
Francisco Canaro vino, luego me volví hacia Edgardo Donato, Ricardo Tanturim’extrajo por el cuello, se disputa a Enrique Campos’s con Alberto Castillo, Astor Piazzolla vendrá más tarde, j’compró uno 45 vuelta de Carlos Gardel en la vieja ciudad de Barcelona, J’tuvieron las mayores dificultades para seguir " EL lloron " de Roberto Firpo, y luego, tal l’apaciguamiento sucediendo al estruendo, una vez el silencio hecho sobre la pista, el M.., no, perdonan -moi, el Maestro entró sobre escena, toda el se apaga precipitadamente’música d’antes del ; después del descubrimiento del tango propiamente dicho, luego, la de la marcha, apareció el tercer tiempo mi vida de tanguero, del del descubrimiento d’Osvaldo Pugliese.
Eso será l’objeto de la segunda novela, esperando, su música causó le cuarto tiempo de mi vida de tanguero el de l’escucha del silencio, por lo tanto, de la suspensión de los cuerpos en l’espacia y una vida acelerada en l’inmovilidad. Desde, se transforma mi vida. A j’siempre les ha gustado la música pero, allí, la danza’hay y me siento tanto rico internamente de este descubrimiento que toda vuelta detrás es imposible. Si una éni dictadura ocurría que rompía todos los discos de Pugliese, entonces, j’abandonarán el tango esto sería demasiado desesperación. Pero, tenemos tiempo. |